Uno de los paisajes más impresionantes que se puede contemplar en vivo y en directo durante una estancia en Hawái es el que ofrecen los numerosos volcanes que se encuentran en las grandes islas. Incluso es posible ver cómo el magma llega al mar desde un barco cerca de la costa. El lento pero constante avance de este semilíquido da la posibilidad de obtener unas imágenes sobrecogedoras del paisaje volcánico.
También se tienen grandes fumarolas y chimeneas, en los volcanes inactivos a día de hoy es posible descender al cráter, si las condiciones son las adecuadas, para realizar observaciones desde dentro.
Las islas de Hawái tienen su origen en volcanes que se han erigido a lo largo de los millones de años desde el fondo marino, siendo el detonante la concentración de magma denominada punto caliente.
Debajo del Océano Pacífico se considera que la placa tectónica se mueve en dirección noroeste, estando en todo momento el punto caliente en situación estacionaria, lo que ha dado lugar a nuevos volcanes con el tiempo. A día de hoy solo los volcanes en la parte sur de la isla de Hawái continúan estando activos y ofreciendo una muestra de la potencia de la energía del interior de nuestro planeta.
Las islas más antiguas del archipiélago cuentan con volcanes inactivos, y las más jóvenes tienen aún volcanes en actividad. La isla de Hawái tiene un total de cinco volcanes, estando uno de ellos entre los más activos del mundo, el volcán Kīlauea. En la cima de uno de algunos de estos volcanes, como el Mauna Kea, se encuentra una de las mayores concentraciones de telescopios del mundo, ya que es un lugar privilegiado para realizar observaciones.
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